Me sorprende una vez más la capacidad del hombre de hacer lo inesperado. Me sorprende el que las autoridades, a nivel internacional, intenten rescatar a Ingrid Betancourt con tanta fuerza después de 4 años de cautiverio. Me sorprende que Chávez intervenga en éste tema cuando en su propio país hay muchos que viven amordazados y sin poder ejercer libremente su derecho a ser lo que deseen. Me sorprende que Sarkozy intervenga…en verdad, me sorprende que tantos hayan unido sus brazos por ésta noble causa, cuando día a día miles de colombianos desaparecen en manos de las FARC y nadie señala absolutamente nada aparte de notificarlo en los noticiarios; si es que es así.Ahora, de acuerdo a éste reclamo que nace desde mis más profundas rabias, no puedo no encontrar loable y bien intencionadas las “movidas” que se han realizado en torno a la liberación de la ex candidata presidencial colombiana. Sería un irracional e insensible si estuviera en contra de ello; pero no creen ustedes que cualquier colombiano merece la misma atención que la señora Betancourt.
Ayer, es más, el llamado de Yolanda Pulecio en Buenos Aires, madre de la secuestrada no pudo hacer más que llamar la emoción a mi rostro. "Dándote fuerzas mi amor, tienes que seguir viviendo, tienes que tener fuerza mi amorcito, por tus niños, tú sabes que mi vida es tu vida, haz todo el esfuerzo por salir adelante mi amor, yo creo que pronto vas a estar libre, seguimos en la lucha, no dudes, yo estoy a tu lado a cada instante". Es conmovedor no. Es fuerte y a la vez insano que alguien éste sufriendo tal martirio; pero insisto, hay muchos que día a día viven en silencio la misma lacra que Yolanda.
Año a año desaparecen en Colombia a manos de la guerrilla miles de personas. El conflicto, que dura ya cuatro décadas, arroja un balance estremecedor: Sólo desde 1985, más de 60.000 muertos y 4.000 desaparecidos, además de los casi tres millones y medio de desplazados que han abandonado sus hogares para escapar de extorsiones, chantajes, secuestros y asesinatos. Sin olvidar el drama de los más de 11.000 niños soldado —una de las cifras más altas del mundo— que, según Human Rights Watch, combaten en uno u otro bando.
Las dos principales guerrillas izquierdistas (FARC y ELN) y los paramilitares que las combaten (AUC) han convertido las zonas rurales en un territorio sin ley que escapa a las fuerzas de seguridad del Estado, mientras el clima de violencia generalizada ha favorecido el desarrollo de la delincuencia común en las áreas urbanas. Muchos de los desplazados se han instalado en los suburbios de grandes ciudades —popularmente llamados «invasiones»—, donde malviven en pésimas condiciones sanitarias y sociales, pero logran, al menos, escapar de la violencia de guerrilleros y 'paracos'. En éste ambiente, Ingrid Betancourt ha desaparecido y hoy se encuentra junto a muchos otros inocentes.
Es de esperar que ésta historia tenga un final feliz, que finalmente la ex candidata al sillón colombiano sea liberada. Tal vez, y sólo tal vez, la posible liberación de ella inste a los jefes de estados a hacer mucho más por aquellos que ya nadie recuerda y que solos en el cautiverio viven su desgracia como Ingrid la vive hoy.