En una sociedad de masas es difícil establecer límites. Tanto porque los supuestos depositarios de éstos no están bien definidos o porque como ocurre hoy en día, ni siquiera los encargados de pregonarlos y llevarlos a cabo, los tienen claros. Eso es lo que sucede hoy también en nuestro país.Ahora, ustedes dirán, a propósito de que surge esta reflexión; pues obedece a los acontecimientos ocurridos constantemente, el desorden y la falta de criterio de muchos ciudadanos, que me llevan a plantear éste tema.
Son los jóvenes el grupo más proclive a estar en el ojo del huracán. Son ellos, que de acuerdo a lo propio de su edad, no avizoran un mundo que les imponga límites. Pero esta forma tan propia de los jóvenes, da por sentado que puedan hacer lo que se les ocurra?
Es necesario señalar el enojo con el sistema no tolerando al semejante, destruyéndolo y atacándolo como si de la jungla se tratará?
El límite según la Real Academia de la Lengua Española en su cuarta acepción se considera como el extremo que pueden alcanzar lo físico y lo anímico. Entonces, de acuerdo a esto, debemos dejarnos llevar por lo que nuestros sentidos perciben o por lo que nuestro animo nos indique para establecer hasta donde podemos llegar? Puede ser tan pueril la forma en que nuestra sociedad se deja llevar, para que a la primera dicotomía, entre lo que se opina o se cree, el hombre quiera arrasar con todo porque no es lo que el piensa, siente o cree que es lo correcto?
Dónde quedan entonces los principios filosóficos platónicos que definen al hombre como un ser racional y que, por lo tanto, es limitado sólo por lo que su intelecto pueda alcanzar a través del racionamiento lógico?
Será que lo animal que tiene todo hombre hoy ha alcanzado un grado más que superlativo, para que cualquier “personaje”, quiera llevar las riendas de las cosas no importándole lo que piensen o puedan hacer los demás?
Son preguntas que no puedo dejar de hacerme.
Pero algún chico o chica podría esgrimir que se sienten incomprendidos, fuera del mundo, que sus demandas no son escuchadas y que por eso su única forma de llamar la atención radica en el escándalo público (entendido como un hacer ruido). Reclamo aceptable. Pero no es más fácil destruir para ser escuchado que intentar cambiar el sistema desde lo que hay? No puede ser relativo el que tú te sientas así y que la mayoría de la gente no sienta lo mismo?
Sé que la realidad no es esa. El descontento social es generalizado, y por distintas razones que aquí no analizaré. Pero, poniéndome en el caso que expongo, no parece una simple pataleta de niños, con consecuencias funestas eso sí, lo que vemos en las calles de nuestras ciudades?
Límites...límites, eso es lo que le falta a nuestra sociedad; no al modo de las dictaduras ni al modo de las divisiones clásistas de antaño; pero del modo en que permitan, fuera de cualquier moral puritana, reconocer que es lo que daña o hace bien al otro, para no atropellar el “límite” lógico, y que por derecho, le corresponde esgrimir.
1 comentario:
ahhh! chikitin! me gustooooo!!!!
ya e promocionado la revista!
me gusta como escribes aunq pones algunas palabras q no conosco y me tngo q dar la paja de buscar en el diccionario.. y me sirve!
t kero mxooo
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