miércoles, 5 de diciembre de 2007

¡Hasta cuando! Basta de maltratos


Hace un par de días la imagen de una joven mujer golpeada estremeció mi alma. Su pareja, un joven de 18 años, brutalmente había dejado sus ojos hinchados y había, además, intentado agredir el vientre que ella lleva a cuestas con un niño de seis meses.
Al ver éstas imágenes en televisión, por supuesto, dije a mi interno, es una más de las tantas chiquillas que en éste país sufren de las pataletas, de las locuras de sus acompañantes; pero al ver sus tristes declaraciones en un conocido matinal, me di cuenta que no es así. Más bien es una más de las chicas que creen que el hombre que tienen a su lado va a cambiar, a pesar de que los hechos demuestren lo contrario.
Me pregunté entonces, ¿Qué hace que una mujer golpeada siga creyendo en el hombre que la ha vejado, la ha golpeado brutalmente más de una vez y que con ello ha puesto en peligro la vida de su hijo y la de ella misma?
En realidad, es una incógnita. Puedo elucubrar un par de tesis. Tal vez ocurre que el recuerdo del hombre maravilloso que las conquistó un tiempo atrás aparezca inconscientemente en sus memorias a la hora de los ruegos de perdón por parte de su compañero; y que por ello, den nuevas oportunidades cuando están sufriendo lo insufrible.
Puede ser también el miedo social que implica ser estigmatizada como una mujer golpeada; tal vez el miedo a represalias en contra de sus familiares o incluso el querer evitar el escarnio público, la muestra pública de los desdenes que se viven en la intimidad. Puede ser o no ser. Es difícil poder establecer fehacientemente una razón.
Yo por mi parte, que oí desde siempre la famosa frase que “ni con el pétalo de una rosa se debe tocar a una mujer”, siento rabia e impotencia. Más aún cuando vi esas lágrimas caer sobre las mejillas marcadas por lo golpes de esa chica, a pesar de que el animador intentaba sacar del imaginario público la idea de un show televisivo. Yo entiendo la intención, la idea es sensibilizar a la población femenina para que no se deje ultrajar, pero igualmente, a pesar de la delicadeza que trato de transmitir el conductor, no pude dejar de sentir repulsión por lo que veía.
Será que mi ética es demasiado purista, no lo sé. Tal vez estoy siendo falso puedan decir algunos, porque igual te quedaste allí a ver el triste espectáculo, puede ser también. Lo cierto es que el hecho es innegablemente aborrecible.
Pero lo más lamentable, sin embargo, a mi juicio, es que una mujer tenga que ir poco menos que marcada en su cuerpo para que un carabinero haga efectiva su autoridad y corte el hecho. Tal vez como sociedad no hemos sabido proteger a nuestro mayor tesoro, la mujer. Sin ellas no habrían tantas cosas y con ellas las cosas se hacen tan lindas, por qué me vuelvo a preguntar sucede esto; no lo sé.
Ojala ejemplos como éste puedan remover conciencias y cambiar situaciones, mientras tanto, sólo me queda rezar para que en éste minuto una mano no se esté levantando sobre una mujer en un hogar chileno y que a la vez jamás se vuelvan a producir hechos tan lamentables como los que ésta joven, hoy presa del temor, tuvo que vivir.

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